Cuando todo parece moverse a nuestros pies.

Cuando todo parece moverse a nuestros pies.

Siempre he dicho que escribir es, para mí, un acto profundamente terapéutico. Hoy siento que es el momento de recurrir nuevamente a la escritura.

Hoy no escribo únicamente como psicóloga; escribo también desde un lugar profundamente humano. Escribo como venezolana que siente el dolor de su país, como migrante, madre, esposa, hija, amiga y, sobre todo, como una persona que también experimenta tristeza, miedo, incertidumbre y todas esas emociones que forman parte de la experiencia de ser humano.

Escribo, además, movida por un propósito que va más allá de expresar mi sentir. Deseo aportar un pequeño grano de arena desde mi profesión ante una tragedia que ha tocado la vida de miles de personas y ha dejado una profunda huella en el corazón de toda una nación.

Como venezolana, me duele profundamente lo ocurrido el pasado 24 de junio (2026). Me duele pensar en quienes han perdido a sus seres queridos, en las familias que continúan buscándolos con la esperanza intacta, en quienes permanecen atrapados entre los escombros, en las madres y los padres que recorren hospitales y refugios con la ilusión de encontrar a sus hijos.

Pienso también en quienes hoy no tienen un hogar al cual regresar; en quienes observan, desde las calles, cómo el lugar donde construyeron recuerdos, donde crecieron o vieron crecer a sus hijos, se ha convertido en un paisaje de escombros. Cada historia representa una pérdida inmensa y un dolor que trasciende cualquier palabra.

Recuerdo que ese día acababa de terminar una llamada con mi mamá cuando comencé a revisar las redes sociales. Al principio vi algunas publicaciones aisladas sobre lo sucedido, pero no fue sino hasta unos minutos después, cuando diferentes medios empezaron a compartir imágenes e información, que comprendí la verdadera magnitud de la tragedia.

La llamé nuevamente y le pregunté: «¿Viste lo que pasó en Venezuela?». Inmediatamente comenzamos a comunicarnos con nuestros familiares para confirmar que todos estuvieran bien.

Estar lejos de tu país mientras ocurre una tragedia de esta magnitud produce una mezcla difícil de describir: preocupación, impotencia, tristeza y un inmenso deseo de poder ayudar. Sin embargo, durante los años que llevo viviendo fuera de Venezuela he descubierto algo que siempre me conmueve: tanto en los momentos de alegría como en los más difíciles, la distancia desaparece. No existen fronteras cuando el dolor es compartido; existe fraternidad.

Una de las capacidades más valiosas que poseemos los seres humanos es la empatía. Es la capacidad de comprender el dolor del otro y conectar con su experiencia desde el respeto y la sensibilidad. Como psicólogos, esta es una habilidad socioemocional que cultivamos profundamente, pues constituye uno de los pilares fundamentales de nuestro acompañamiento terapéutico.

Sin embargo, hoy siento que mi llamado va más allá de la empatía. Lo que hoy mueve mi corazón es una profunda compasión: ese deseo genuino de aliviar, acompañar y servir desde quien soy, pero también desde todo aquello que he aprendido a lo largo de mi formación y experiencia como profesional de la salud mental.

Esa es la intención de este texto, que comparto de manera gratuita y con todo mi cariño: que puedas encontrar en estas palabras alguna herramienta que te ayude a transitar este momento tan difícil que vive mi país, Venezuela.

Más que un texto académico, este es un texto profundamente humano. En cada una de sus líneas habita el sentir de una venezolana que intenta comprender su propio dolor mientras reconoce que ese dolor también pertenece a miles de personas que hoy atraviesan una experiencia similar.

Quizá en este momento estés sintiendo miedo, tristeza, impotencia o una inmensa necesidad de llorar. Tal vez experimentes ansiedad, estrés, dificultad para dormir, hipervigilancia o pensamientos repetitivos y catastróficos que aparecen una y otra vez. Es posible que las noticias te abruman, te desalienten o despierten una sensación constante de incertidumbre.

Si es así, quiero decirte algo importante: todo eso es una respuesta humana ante una situación extraordinaria.

El miedo también puede ser colectivo. La incertidumbre por familiares, amigos y vecinos se vive en comunidad. Muchas personas ya venían atravesando pérdidas, enfermedades, duelos o situaciones difíciles antes de esta tragedia, y hoy sienten que el peso emocional se ha multiplicado. Otras permanecen en estado de shock, intentando comprender una realidad que parece imposible de asimilar.

Por eso, no te sobreexijas.

Es válido sentir. Es válido llorar. Es válido hablar, pedir un abrazo o simplemente guardar silencio cuando las palabras no alcanzan.

No es más valiente quien aparenta ser fuerte; muchas veces, la verdadera fortaleza consiste en darse permiso para sentir, reconocer el propio dolor y respirar profundamente para encontrar la fuerza necesaria para seguir avanzando.

Este también es un momento para la solidaridad. Más que hacer comunidad, estamos llamados a Ser comunidad. A compartir el dolor, pero también la esperanza. A convertirnos en la mano que sostiene, en el abrazo que consuela, en la palabra que acompaña y en el gesto que devuelve un poco de calma a quien la ha perdido.

Y para quienes encuentran refugio en la espiritualidad, este también puede ser un tiempo para reencontrarse con el poder de la oración, más allá de cualquier religión. Porque, en esencia, orar también es una forma de conectar, de sostenernos mutuamente y de mantener viva la esperanza cuando todo parece incierto.

También es importante comprender lo que ocurre en nuestro cerebro durante una emergencia de esta magnitud. Frente a un acontecimiento inesperado y potencialmente amenazante, nuestro sistema nervioso activa mecanismos de supervivencia para protegernos. Entramos en un estado de alerta que nos permite responder al peligro, pero que también puede generar un importante desgaste físico y emocional.

Una crisis ocurre cuando una situación sobrepasa los recursos de afrontamiento que una persona posee en ese momento. En un evento como un doblete sísmico, las consecuencias no se limitan al daño material o físico; existe también un profundo impacto psicológico y emocional que afecta a las personas, las familias, las comunidades e incluso a las instituciones.

Es común experimentar una pérdida de la sensación de seguridad, una percepción constante de riesgo y una profunda desorganización emocional. Todas estas reacciones son esperables frente a un acontecimiento tan extremo como el que hoy atraviesa Venezuela.

Comprender esto no elimina el dolor, pero sí puede ayudarnos a entender que muchas de las emociones y reacciones que estamos experimentando forman parte de una respuesta natural de nuestro organismo frente a una situación extraordinaria.

Ahora bien, ¿cómo podemos afrontar momentos tan difíciles, desgarradores y dolorosos como este?

Lo primero es comprender que cada persona vive una crisis de manera única. Cada uno cuenta con una historia, unas experiencias previas y unos recursos emocionales distintos que influirán en la forma en que transita este momento. Todos tenemos nuestro propio ritmo para percibir, procesar, comprender y responder a lo que está ocurriendo.

No todos reaccionamos de la misma manera, y eso no significa que una forma de afrontar el dolor sea mejor que otra. Simplemente somos seres humanos distintos, con historias diferentes.

Con el deseo de acompañarte en este proceso, quiero compartir algunas herramientas que, desde la psicología, pueden ayudarte a cuidar de tu bienestar emocional en medio de esta situación.

  1. Mantén el contacto con tus seres queridos.

Llama a quien necesites. Busca a esa persona que pueda ofrecerte un abrazo, escucharte o simplemente permanecer a tu lado. La conexión humana tiene un enorme poder reparador. Un abrazo, por ejemplo, favorece la liberación de oxitocina, una hormona que contribuye a generar sensación de seguridad, disminuir el estrés y la ansiedad, y favorecer la regulación emocional.

  1. Infórmate a través de fuentes confiables.

En momentos de crisis es común que circulen rumores o información sin verificar. Procurar acceder únicamente a fuentes oficiales y confiables puede ayudarte a disminuir la confusión y la incertidumbre.

  1. Limita la sobreexposición a las noticias.

Mantenerte informado es importante, pero permanecer expuesto constantemente a imágenes y noticias relacionadas con la tragedia puede aumentar la ansiedad y el malestar emocional. Si notas que la información comienza a desbordarte, date permiso para hacer una pausa y realizar actividades que favorezcan tu bienestar: salir a caminar, leer, dibujar, escuchar música o simplemente tomar unos minutos de sol.

  1. Cuida tus necesidades básicas.

En medio del dolor solemos descuidarnos. Sin embargo, descansar lo suficiente, alimentarte adecuadamente, mantenerte hidratado y realizar algún tipo de actividad física, aunque sea ligera, son acciones fundamentales para proteger tu salud mental y ayudar a tu organismo a afrontar el estrés.

  1. Habla de lo que sientes.

Expresar las emociones no es una señal de debilidad; es una forma saludable de procesarlas. Conversa con alguien de confianza, escribe lo que estás viviendo o busca espacios donde puedas expresar libremente lo que llevas dentro. Darle voz al dolor evita, muchas veces, que sea el cuerpo quien termine manifestándolo.

  1. Pide ayuda cuando la necesites.

No permitas que el orgullo o la idea de tener que poder con todo te impidan buscar apoyo. Contar con una red de personas que escuchen, acompañen y sostengan puede hacer una gran diferencia en la manera en que atravesamos una experiencia tan difícil. Pedir ayuda también es un acto de fortaleza.

  1. Participa en acciones solidarias.

Si tienes la posibilidad de hacerlo, únete a iniciativas que estén brindando apoyo a las personas afectadas. A veces pensamos que nuestro aporte es pequeño, pero incluso el gesto más sencillo puede convertirse en un inmenso acto de esperanza para quien hoy más lo necesita.

Creo que nadie está verdaderamente preparado para enfrentar una tragedia de esta magnitud. La naturaleza nos recuerda, una vez más, nuestra vulnerabilidad.

Pienso inevitablemente en la tragedia de Vargas de 1999. Aquel desastre marcó profundamente la historia de Venezuela y dejó heridas que, para muchas personas, siguen presentes. Hoy, algunas de las comunidades que vuelven a verse afectadas cargan también con aquella memoria colectiva. Cuando una experiencia traumática se repite o guarda similitudes con otra vivida anteriormente, es natural que resurjan emociones, recuerdos y temores que parecían haber quedado atrás.

Sin embargo, nuestra historia también nos recuerda algo profundamente esperanzador: los venezolanos hemos aprendido a sostenernos unos a otros incluso en los momentos más difíciles.

Hoy mi corazón está con Venezuela.

Como venezolana, comparto el dolor de quienes han perdido a un ser querido, de quienes continúan buscando respuestas y de quienes, como muchos de nosotros que vivimos lejos de nuestra tierra, sentimos la distancia con una intensidad aún mayor, aunque permanezcamos presentes de corazón.

Como psicóloga, sigo creyendo profundamente en la fuerza que nace cuando nos acompañamos como comunidad.

Tal vez no podamos evitar que la tierra tiemble, pero sí podemos sostenernos cuando sentimos que todo se mueve bajo nuestros pies.

Ese ha sido el propósito de este escrito: ofrecer comprensión, presencia y humanidad en un momento que nos recuerda nuestra fragilidad, pero también nuestra extraordinaria capacidad para cuidarnos, reconstruirnos y seguir adelante juntos.

Porque cuando la tierra tiembla, también tiemblan nuestras emociones.

Y cuando nos acompañamos, también florece la esperanza.

Si estas palabras logran que una sola persona se sienta comprendida, acompañada o un poco menos sola, entonces este texto habrá cumplido su propósito.

Con cariño,

Sorsiré Arguinzones
BS in Psychology
Family & Couple Coach

 

 

 

Ansiedad: Gritar sin hacer ruido…!

Ansiedad: Gritar sin hacer ruido…!

La salud mental del individuo es un constructo psicológico muy amplio, está compuesto por distintos factores relevantes en su vida, por lo que se requiere constantemente tomar acciones que permitan preservar y mantener un buen estado de salud mental. La OMS la define como “un estado de bienestar en el que el individuo realiza sus capacidades, supera el estrés normal de la vida, trabaja de forma productiva y fructífera, y aporta algo a su comunidad” (Citado en Hiriart, 2018, p.89). Por lo tanto, el individuo al considerarse un ser biopsicosocial es importante destacar que la salud mental involucra procesos emocionales, cognitivos, sociales, culturales y biológicos. Estos factores al desequilibrarse desencadenan alteraciones en la psique humana, desarrollándose incluso trastornos mentales, afectando directamente la vida del individuo y todo su entorno, razón por la cual es importante considerar la atención psicológica.

Ciertamente, la ansiedad es una psicopatología que describe el Manual de Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales (DSM-V), sin embargo, antes de profundizar en la ansiedad como patología, también es importante destacar que es una respuesta normal, común y adaptativa del ser humano, es decir, ante las diversas preocupaciones y ante la rutina del día a día se pude llegar a sentir ansiedad como una respuesta tanto a estímulos externos como estímulos internos que percibe e interpreta el ser humano dentro de su propio mundo. Cuando una persona siente preocupación ante cierta adversidad y esta sensación de preocupación persiste en el tiempo y afecta la funcionalidad del individuo entonces puede desencadenarse un Trastorno por Ansiedad.

Según Delgado, De la Cera, Lara y Arias (2021):

La ansiedad es un mecanismo de defensa fisiológico ante una amenaza, puede generar sensaciones desagradables como: preocupación, irritabilidad, inquietud, hipervigilancia o agitación. Sin embargo, puede convertirse en una patología ansiosa, si se convierte en una respuesta incontrolable, persistente por el paciente (p.27).

Por lo tanto, se puede decir que la ansiedad se presenta en diferentes niveles, el cual puede manifestarse desde una ligera incomodidad hasta problemas severos. Todas las personas en su naturaleza humana pueden llegar a sentirse ansiosos, por ejemplo, es muy común que una persona pueda sentir ansiedad por una entrevista de trabajo, por un examen, por una conversación importante, siendo esta una respuesta adaptativa y funcional del ser humano, debido a que se esta enfrentado a una situación que no es grave, pero si esta fuera de su zona de comodidad. “Si la ansiedad surge solo como respuesta a una situación concreta recibe el nombre de ansiedad situacional o ansiedad fóbica” (Bourne & Garano, 2006).

Según lo mencionado anteriormente, la ansiedad puede presentarse en personas de distintas edades ya sea como ansiedad funcional o ansiedad patológica, el cual varía de acuerdo con los signos y síntomas que sean manifestados por la persona. Adicionalmente, es importante destacar que ante la ansiedad existen zonas cerebrales implicadas, es decir, estructuras del cerebro que cumplen funciones específicas como las que pertenecen al sistema límbico principalmente.

Según Becerra-García, Madalena, Estanislau, Rodríguez-Rico, Díaz, Bassi & Morato, (2007):

En el caso de la ansiedad, donde el peligro es potencial, las estructuras generalmente investigadas son la amígdala y el sistema septo-hipocampal, ambas pertenecientes al sistema límbico. Estas estructuras funcionarían como una interfase, recibiendo informaciones que llegan de los diferentes sistemas sensoriales, asociándolas con las memorias ya almacenadas por el hipocampo e interpretándolas como emocionalmente relevantes o no, para posteriormente coordinar la emisión de respuestas. El sistema septo-hipocampal es el principal componente del sistema de inhibición comportamental, encargado de respuestas como la de evaluación de riesgo.

Por lo tanto, es necesario considerar que la ansiedad tiene bases neuropsicológicas y neurobiológicas, el cual es de suma importancia tomar en cuenta al momento de comprender que no se trata solo de falta de voluntad en el individuo, sino que tiene fundamentos biológicos que se deben evaluar para tomar decisiones acertadas en cuanto al plan de tratamiento por ejemplo y también para tener una visión mas amplia de comprender que la origina. Es decir, conocer las bases neuropsicológicas y neurobiológicas de la ansiedad es fundamental para realizar una intervención psicoterapéutica y psicofarmacológica adecuada considerando sus bases científicas, porque no solo involucra el factor emocional del individuo sino otros factores importantes en la vida del ser humano.

Cuando una persona presenta altos niveles de ansiedad, también tiene manifestaciones clínicas el cual generan incomodidad y dificultades para la vida diaria, lo que afecta su bienestar integral. Entre ellos, puedo mencionar:

  • “Tensión muscular
  • Cefalea
  • Cansancio
  • Taquicardia
  • Alteraciones sexuales
  • Sudor excesivo
  • Sequedad de boca
  • Visión borrosa
  • Sensación de ahogo

Estos síntomas no se presentan como peligrosos, pero generan gran malestar y dificultades en la vida cotidiana” (Coltiño, S, 2020).

Las personas quienes padecen de estos síntomas disminuyen significativamente su calidad de vida, son personas quienes no llegan a disfrutar ni de momentos simples ni momentos altamente significativos, porque prevalece su malestar físico, psicológico y emocional. Esta condición clínica afecta relaciones laborales, familiares, de pareja, afecta todo su entorno social e incluso afecta la relación que tiene consigo mismo, porque la persona vive en total desconexión, ya sea por distorsiones cognitivas, por conductas evitativas o por sentir que está expuesto a amenazas constantes.

La ansiedad definitivamente conlleva a una gran incomodidad en la vida del ser humano, por lo que es evidente que se alteran diferentes procesos en el organismo, resultando de gran relevancia hacer mención sobre las implicaciones que la ansiedad tiene en el proceso de sueño y vigilia. Una persona quien padece de algún tipo de trastorno por ansiedad también padece de trastornos de sueño, debido a que la persona al sentirse amenazada constantemente, al sentir miedo, incertidumbre, expectativas del futuro, creencias irracionales, pensamientos intrusivos, altera significativamente las etapas del sueño, dejando consecuencias significativas para su salud.

Según Montañés (1994):

Cualquier estado de ansiedad produce casi invariablemente dificultad para conciliar el sueño. Al mismo tiempo, el retardo en la aparición del sueño puede favorecer la aparición de pensamientos intrusivos referentes a los problemas que conlleva una deficiente calidad del sueño y la necesidad urgente de dormir. Tales pensamientos no hacen sino activar fisiológica y emocionalmente, incrementando la respuesta de ansiedad y cerrando un círculo vicioso que empeora las condiciones para dormir. (p.221).

Dormir es una necesidad fisiológica en el ser humano, así como el hambre, la sed, el cual son indispensables para el buen funcionamiento del organismo, son necesidades insustituibles y que requieren cumplir sus fases, etapas y procesos para la reparación del cuerpo y la mente. Una persona quien no logra dormir lo suficiente, es una persona quien se vuelve irritable, toma decisiones desacertadas, afecta la memoria, tiene dificultades para concentrarse, aumenta los niveles de cortisol, disminuye su rendimiento académico y profesional, presenta constantes cambios de humor, entre otros. Es decir, implica muchos factores biológicos y emocionales, alterando directamente a la persona quien está afectada por cualquiera de los trastornos por ansiedad existentes en el Manual de Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales (DSM-V).

Cabe destacar que los trastornos por ansiedad es uno de los tipos de trastornos mas comunes en el ambiente clínico, cada vez mas personas sufren de algún tipo de trastorno por ansiedad, principalmente en mujeres, quienes comúnmente están expuestas a distintos roles y se sobrecargan de tareas diarias, de autoexigencias que se convierten en rutinas permanentes en el tiempo y terminan afectando su salud.

Según Ortiz-Tallo (2021) expone que:

“Siguiendo la clasificación de trastornos de ansiedad que propone el DSM-5, tendríamos que hablar de los siguientes:

  • Fobia específica.
  • Fobia social o ansiedad social.
  • Trastorno de pánico o trastorno de angustia.
  • Trastorno de ansiedad generalizada.
  • Ansiedad por separación.
  • Mutismo selectivo.
  • Trastorno de ansiedad debido a enfermedad médica.
  • Trastorno de ansiedad inducido por sustancias.
  • Trastorno de ansiedad no especificado”

Cada uno de estos tipos de trastorno por ansiedad tiene sus propios criterios diagnósticos, el cual debe ser evaluados por un profesional de la salud mental.

Ahora bien, ¿qué ocurre en las personas quienes padecen algún tipo de trastorno por ansiedad? ¿realmente la ansiedad se cura? Es una de las preguntas mas comunes en la práctica clínica, evidentemente se está hablando de un trastorno que genera tanto malestar e incomodidad en la vida del paciente que no querrá sentirse de esa manera por el resto de su vida.

Como bien se mencionó anteriormente, la ansiedad es una respuesta normal, adaptativa y funcional en la vida del individuo, por tal razón, es imposible no sentir ansiedad ante ciertos acontecimientos o situaciones de la vida. Sin embargo, cuando se habla de un tipo de ansiedad que se ha convertido en una patología, es importante considerar que si existen intervenciones psicoterapéuticas basadas en evidencia científica que han ayudado a muchos pacientes a disminuir los síntomas. Una de las técnicas de psicoterapia mas usadas ante este tipo de trastorno es la terapia cognitivo – conductual.

Según Gutiérrez (2011):

Entre las técnicas empleadas dentro de este tipo de terapias, tenemos:

  • Entrenamiento en relajación muscular.
  • Exposición graduada en vivo o en imaginación.
  • Técnicas de reestructuración cognitiva.
  • Experimentos conductuales.
  • Exposición y prevención de respuesta.
  • Entrenamiento en habilidades sociales.
  • Técnicas de resolución de problemas.

Dependiendo del caso clínico que se presente, algunos pacientes requieren además de las técnicas psicoterapéuticas, fortalecer aun mas el plan de tratamiento con psicofarmacología, en el cual debe intervenir un equipo multidisciplinar, es decir, además del psicólogo, es necesario que se cuente con el apoyo psiquiátrico y otras especialidades si el caso lo amerita.

Para concluir, puedo mencionar que la ansiedad, a pesar de que es considerada funcional en algunos casos, es importante que las personas puedan ocuparse diariamente de fortalecer su salud mental, debido a que inevitablemente por procesos naturales de la vida, por las diferentes etapas del ciclo de vida del individuo y su desarrollo evolutivo como parte normal de su proceso de crecimiento, en algún momento estará afrontando retos, desafíos y adversidades en las cuales se requiere de contar con herramientas psicológicas y emocionales que le permitan transitar todas y cada una de las dificultades. Por lo tanto, atender su salud mental no solo como medida correctiva sino preventiva es primordial.

Por esta razón, es conveniente que toda persona pueda adoptar un estilo de vida saludable, el cual incluya alimentación balanceada, ejercicio físico, hábitos de vida saludables como la lectura, meditación, rodearse de personas quienes aporten valor a sus vidas, así como también recibir herramientas psicoeducativas que le permitan conocer ampliamente sobre el tema de la ansiedad, además de la ayuda de un profesional de la salud mental para que pueda dotarse de recursos psicológicos y estrategias mentales que pueda aplicar en su diario vivir. “El proceso terapéutico es visto entonces como un proceso de aprendizaje activo, de tipo experiencial, que busca que el paciente desarrolle nuevas habilidades de afrontamiento que le permitan superar sus problemas y dirigirse hacia sus propios objetivos vitales” (Rodríguez, R, et, al, 2011).

Comprender que la ansiedad en muchos casos no puede controlada por el individuo propiamente sin la ayuda del profesional es primordial, porque implica atenderla desde sus bases neuropsicológicas y neurobiológicas. Esto permite que las personas también practiquen la autocompasión, dándose la oportunidad de ser ayudados, escuchados, contenidos, observados y asistidos por profesionales en el área. Debido a esto, es de suma importancia promover constantemente la psicoeducación en esta área y brindar la asistencia para que las personas tengan fácil acceso a distintos recursos psicológicos que ayuden no solo a manejar la ansiedad de la mejor manera posible, sino a prevenirla para contribuir a un mundo con mas consciencia de salud mental.

Según Macaya, Pihan & Vicente (2018):

Cuando se reconoce que el individuo es un ser integral, biopsicosocial y que las enfermedades mentales se pueden prevenir, tratar y rehabilitar al igual que cualquier otra enfermedad, las acciones que se pueden llevar a cabo para alcanzar la salud mental no se reducen al campo médico, sino, que se amplían a todos los ámbitos del ser humano y uno de los más significativos es la educación como prevención primaria. (p, 351).

¡La Salud Mental es prioridad!

¡La Salud Mental es prioridad!

El mundo gira a una velocidad natural, sin embargo en ocasiones como seres humanos sentimos que va mas rápido de lo normal, mientras estamos transitando el ciclo de vida que nos corresponde,  donde inevitablemente en cada una de las etapas de nuestro desarrollo evolutivo afrontamos retos y desafíos propios e inherentes a la vida misma.
Por esta razón, la psicoeducación y las herramientas emocionales juegan un papel fundamental en la vida de todo individuo, porque nos ayuda a transitar dificultades y vicisitudes de la mejor manera posible, sin tanta resistencia, lo cual nos permita solucionar problemas, afrontar retos y lecciones de vida como aprendizajes para el buen vivir consigo mismo y con el entorno.
La salud mental es tan importante como la salud física, sin embargo, muchas personas aun no lo consideran de esa forma porque sigue siendo un estigma hablar sobre afecciones mentales y bienestar emocional. Cuando una persona no considera atender y fortalecer la salud mental, el autocuidado, amor propio, reforzar su inteligencia emocional, entre otros, difícilmente puede ser funcional ante los diversos roles y escenarios de vida, porque no solo afecta la relación que tiene consigo mismo, sino con su pareja, su familia, compañeros de trabajo y todo su entorno. Hay quienes padecen de alguna patología o afección mental que al ser ignorada puede empeorar en cuadros clínicos con graves consecuencias.
Por esta razón, es sumamente importante tomar consciencia sobre la salud mental, atenderse, cuidarse, psicoeducarse, buscar ayuda de un profesional es vital para el buen vivir. Adoptar un estilo de vida saludable no solo se refiere a lo que el individuo consume por alimentación, sino también a lo que se consume en información, revisar el entorno,  el cual tiene que ver con establecer buenas relaciones interpersonales, buenos hábitos de vida como el ejercicio, la meditación, la oración, la lectura, contacto con la naturaleza,  trabajar en su propio ser,  disfrutar del hacer, desempeñarse en un trabajo por pasión y no por obligación, sentirse merecedor del tener, aprender sobre educación financiera, planificación, proyectos de vida, de pareja, de familia, entre otros. La salud mental debe considerarse muy enserio porque forma parte del bienestar integral de todo individuo.
Tomar acciones que nutran la salud mental es una prioridad, así como muchas personas acuden al medico para chequeos físicos anuales, la salud mental también debe ser atendida, ellas coexisten, una se nutre de la otra, hay una estrecha relación entre ambas, por lo tanto no se puede obviar, porque la psique humana forma parte fundamental del buen funcionamiento del individuo, tanto para el disfrute como para la adversidad. Tal como lo decía Dalai Lama: “La mayor riqueza es la salud mental
LA ADOLESCENCIA ES UNA ETAPA DE CONSTRUCCIÓN…APROVÉCHALA!

LA ADOLESCENCIA ES UNA ETAPA DE CONSTRUCCIÓN…APROVÉCHALA!

Los cambios físicos y cognitivos en la adolescencia ha sido objeto de estudio por grandes teóricos de la historia, gracias a sus investigaciones y experimentación han podido comprobar científicamente dichos cambios, los cuales se consideran muy significativos y notables a simple vista. Es importante considerar que los cambios físicos y cognitivos en la adolescencia tienen como inicio o punto de partida La Pubertad, el cual se define como: “El proceso que lleva a la madurez sexual o fertilidad, es decir, la capacidad para reproducirse”. (Papalia, D, 2012). Se trata de un proceso de y transformación y transición entre la niñez y la adultez.

Entre los numerosos cambios físicos que se presentan durante el transcurso de esta etapa, el cual es una continuación del propio desarrollo y crecimiento que viene evolucionando de forma natural desde el momento de la concepción, se pueden mencionar: la aceleración de crecimiento, donde se observa el cambio de estatura, los cambios hormonales son los responsables de la aparición del acné en la piel de la cara principalmente, así como la producción de sudor, también comienza a notarse el desarrollo y crecimiento de sus órganos sexuales el cual varia y diferencia a mujeres y hombres.

Los cambios físicos están estrechamente relacionados a cambios sociales, psicológicos, biológicos, hormonales que al trabajar de manera interdependiente permiten su visibilidad de acuerdo al género. Es por ello que podemos notar en los hombres la aparición del vello facial, ensanchamiento de los músculos del pecho, también se ensanchan los hombros y se alarga el pene, además la piel del rostro tiene una apariencia mucho mas aceitosa. Mientras que los cambios físicos mas resaltantes en las mujeres lo observamos en la aparición del vello púbico, ensanchamiento de las caderas, el desarrollo de las mamas, la forma del cuerpo y aparición del acné, este ultimo como punto de similitud con el hombre.

Sin embargo, como mencioné anteriormente en la medida en que avanzan los cambios físicos también ocurren cambios a nivel cognitivo, su estilo de pensamiento se va modificando porque se vuelven capaces de razonar sobre lo real y lo posible, lo que permite construir sus propias hipótesis, es decir, aplican el razonamiento hipotético – deductivo, a través del cual obtienen sus propias conclusiones. Entre otras dimensiones propias de la cognición del adolescente también existe egocentrismo, indecisión, controversia y contradicción ante sus padres, cuidadores o figuras de apego porque el hecho de recibir información de diferentes medios  conduce a que vayan construyendo su propio criterio, ampliando su pensamiento abstracto, principalmente porque existe un desarrollo cerebral, específicamente, ocurren cambios en las diferentes estructuras del cerebro que inciden directamente en el cambio de su estructura de pensamiento.

El desarrollo cerebral y los cambios en sus diferentes estructuras confirman el proceso de transición que el individuo está atravesando en la adolescencia, debido a que los diferentes órganos que conforman el cerebro una vez que se desarrollan van cumpliendo cada una de sus funciones especificas como: la memoria a corto y largo plazo como una de las principales funciones del hipocampo, el significado de las emociones y gestión del miedo que se desarrolla a través de otra de las estructuras del cerebro como lo es la amígdala, la regulación de necesidades fisiológicas, como sed, hambre y sueño implícito en las funciones del hipotálamo, la motivación,  por la conexión que existe entre la amígdala y el cerebelo, así como también el procesamiento de la información a través de los ganglios basales. Además al completarse el desarrollo de la corteza prefrontal en edades aproximadas entre los 25 y 27 años de edad, existe mayor capacidad de toma de decisiones, pensamiento lógico, aprendizaje y razonamiento, motivo por el cual el desarrollo del cerebro tiene sus implicaciones en los cambios cognitivos en el adolescente.

Estos cambios  tienen estrecha relación con la Teoría Piagetiana donde enfatiza el pensamiento formal porque el adolescente desarrolla la capacidad de pensamiento lógico, abstracto y la capacidad de razonar ante otras posibilidades, por lo tanto puede reflexionar ante sus propias experiencias de vida,  puede plantearse estrategias de solución, ser mas flexible ante los diferentes escenarios de opciones y sus posibilidades, puede interpretar, analizar, imaginarse y plantearse un proyecto de vida futura porque además influye en su manera de socializar y relacionarse con otros.

Por otra parte, los adolescentes por estar en su proceso de construcción del yo, de su propia identidad son muy vulnerables ante los cambios físicos que experimentan y ante su desarrollo biopsicosocial en general. De alguna forma perciben su crecimiento físico como indicador de que están en vía a la adultez, se sienten con mas autonomía e independencia, lo que trae consigo parecerse lo mas posible a un ideal de belleza física adoptado por la cultura y la sociedad donde se desarrollan, buscan parecerse y acercarse lo mas posible a ese ideal o concepto que tienen de apariencia física, por esta razón también observamos cambios en su estilo de peinarse y vestirse. Esta visión de aspecto físico  en el adolescente implica riesgos porque en la constante búsqueda de cambio alteran su alimentación, generando trastornos alimenticios, poniendo en riesgo su vida. Entre los trastornos mas comunes se destacan: la anorexia, bulimia y trastorno atracón.

Para concluir puedo mencionar que los cambios físicos y cognitivos en el adolescente son cambios de gran relevancia para la vida adulta, es una etapa crucial y determinante para lo que ese individuo construirá como proyecto de vida. Si bien es cierto son cambios naturales, indetenibles y muy notorios en lo físico y lo cognitivo, es importante resaltar que es necesario que dichos cambios estén acompañados de un clima familiar y social lo mas sano posible, debido a que las personas quienes le rodean  juegan un papel de gran influencia hacia estos cambios. La relación familiar que implica ejecutar dinámicas funcionales en el hogar, comunicación asertiva, escucha activa, valores, entre otros, son necesarios para ofrecer acompañamiento y guía al adolescente desde un estado de madurez, esto permitirá que identifique sus pares con quienes comparta su visión, los valores, percepciones, creencias,  quienes además se convertirán en su red apoyo  con las que puedan tener sentido de pertenencia,  porque son un conjunto de factores que se van afianzando en el transcurso de la vida. Por esta razón, concluyo que la Psicología Social no es un fenómeno aislado a estos cambios, es un conjunto de ramas y disciplinas de la Psicología como método científico que acompaña los cambios físicos y cognitivos en el adolescente.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

ADOLESCENCIA… ¿ETAPA DE RETOS U OPORTUNIDAD?

ADOLESCENCIA… ¿ETAPA DE RETOS U OPORTUNIDAD?

Es importante considerar que la transición en el Desarrollo del Adolescente es un proceso bastante complejo y retador, debido a los diferentes cambios tan significativos por lo cual atraviesa el ser humano como parte natural del proceso de su desarrollo evolutivo. A su vez, lo considero una etapa de oportunidad, debido a que es una etapa de reconocimiento y construcción de la identidad del Yo, del desarrollo de estructuras cerebrales  y  de funciones cognitivas, de identificación de pares, de inclusión de grupos que probablemente se conviertan en vínculos que se fortalecerán para toda la vida. Tanto su complejidad como su espectro de oportunidades son infinitas e invitan al crecimiento continuo del propio adolescente y de quienes son los responsables de acompañarlo en el proceso de transición.

Aunque todas las areas del desarrollo son importantes considero que la salud mental y el desarrollo psicosocial es de extremo cuidado por el grado de vulnerabilidad que representa, sin embargo el desarrollo físico es de mucha atención porque es totalmente visible, niños a quienes ves un día de un tamaño, de repente notas su crecimiento en estatura, el cambio en sus rasgos faciales, el tono de la voz, la forma de vestir, pensar y actuar, entre otros, y te das cuenta que se trata de un proceso completamente natural. Su rápido y evolucionado crecimiento confirma que están en vía a la madurez. 

          Desde una mirada adulta y consciente es importante visualizar la adolescencia como esa etapa transitoria entre la niñez y la adultez, donde existe mucha confusión porque el individuo adolescente aunque ya no es niño tampoco cuenta con las herramientas necesarias ni el desarrollo cognitivo completado para tomar decisiones ni comportarse como adulto, justamente se encuentra en un proceso de transición, razón por el cual se pueden observar cambios en el apetito, porque necesitan mas nutrientes que le aporten a su desarrollo y crecimiento, que se reflejan en su estatura, lo que hace necesario renovar la ropa y zapatos por el cambio de talla y con ello viene implícito un cambio de estilo. En el aspecto cognitivo se observan cambios en su vocabulario y forma de pensar, ahora tienen la capacidad de escuchar opiniones y puntos de vista de terceros como maestros, amigos, medios de comunicación para adoptar un criterio propio que probablemente contradigan las opiniones de sus padres, cuidadores o figuras de apego. Es una etapa donde se comienzan a cuestionar y se flexibilizan ampliando su pensamiento abstracto. 

          Por otro lado, desde un punto de vista social, se observan cambios de comportamiento con la inclusión en grupos, identificación de pares, inclusión de estilos, el uso de una lingüística propia de la edad, la necesidad de aislamiento de los padres y acercamiento de amigos, entre otros. Definitivamente son cambios importantes donde los adultos debemos respetar sus procesos individuales, acompañándolos desde un estado de madurez a transitar los cambios físicos, cognitivos y sociales  que todo adolescente debe atravesar para luego tener la capacidad de autogestionar satisfactoriamente su vida adulta. 

Referencia: 

Papalia D (2012). Desarrollo Humano. Duodécima edición. McGraw Hill Education. 

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